Pasos del proceso de nuestros activos editoriales.
El patrimonio intelectual no permanece inmóvil. Está vivo. Crece con cada experiencia. Se enriquece con cada proyecto. Se transforma cada vez que resolvemos un problema, descubrimos una nueva relación entre ideas o encontramos una forma mejor de hacer las cosas. Y precisamente porque está vivo, también puede evolucionar y trascender, lo cual precisa una gestión estratégica.
Ninguna persona puede desarrollar aquello cuya existencia desconoce. Por eso, la Gestión del Capital Editorial no se limita a estudiar qué publicar, comunicar o editar. Estudia cómo se originan los activos que conforman patrimonio, cómo organizarlos y cómo van evolucionando hasta convertirse en una fuente permanente de valor para las personas, las organizaciones y la sociedad.
Cada paso de la Gestión del Capital Editorial aporta una faceta para descubrir, comprender, desarrollar, proteger y proyectar los activos que conforman el patrimonio intelectual.
El reconocimiento se inicia con el descubrimiento y su inventario.
Antes de transformar cualquier patrimonio es necesario descubrirlo, identificarlo. Personas y organizaciones suelen acumular un inmenso caudal de experiencias, conocimientos, investigaciones, metodologías, procesos, historias y aprendizajes que permanecen dispersos entre documentos, proyectos, conversaciones o simplemente en la memoria de quienes los vivieron. El inventario reúne ese universo de activos y permite observarlo por primera vez como un verdadero patrimonio intelectual.
Reconocer, analizar e interpretar.
Ese descubrimiento conduce de manera natural al reconocimiento y su interpretación. No basta con saber que esos activos existen. Es necesario analizarlos y comprender por qué cada uno representa un activo valioso, qué lo hace diferente y cuál puede ser su contribución.
Y por supuesto necesitamos la contextualización. Comprender las circunstancias que le dieron origen, los problemas que ayudó a resolver y el entorno en el que fue construido permite interpretar correctamente su significado y descubrir posibilidades que antes permanecían ocultas.
Sobre esa base surge la interpretación. Es el momento en que las experiencias dejan de ser hechos aislados para convertirse en conocimiento articulado. Aparecen relaciones, principios, patrones y aprendizajes capaces de explicar no solo lo que ocurrió, sino cómo y por qué ocurrió y cómo puede seguir generando valor.
Afirmar su potencial para generar valor
La valoración representa un nuevo cambio de perspectiva. Ya no se trata únicamente de comprender el patrimonio intelectual, sino de descubrir su capacidad para abrir oportunidades, fortalecer organizaciones, impulsar innovaciones, inspirar nuevas iniciativas o contribuir al desarrollo de otras personas.
Solo entonces comienza el proceso de transformación. El patrimonio intelectual se organiza, se estructura, se documenta y adquiere una forma que le permite preservarse, evolucionar y proyectarse. En esta etapa, una parte de ese patrimonio comienza a convertirse en Patrimonio Editorial.
Son también necesarios los mecanismos de protección, asegurando la conservación de su integridad, el reconocimiento de la autoría y las condiciones necesarias para garantizar su continuidad en el tiempo.
Compartir para multiplicar
A partir de allí llega la transferencia. El patrimonio deja de permanecer únicamente en manos de quien lo creó y comienza a compartirse mediante publicaciones, formación, consultoría, investigación, metodologías, plataformas digitales o cualquier otro medio capaz de transformar la experiencia en valor para otros.
La consecuencia natural de esa transferencia es el legado. El patrimonio intelectual empieza a influir más allá de sus autores. Se incorpora a nuevas realidades, inspira nuevas soluciones y alimenta nuevos procesos de creación. Y también puede crecer con adaptaciones, cambios de formato, traducciones. Puede cambiar de lenguaje, de soporte, de contexto y de audiencia.
La espiral nunca termina, evoluciona.
Cada persona que recibe ese patrimonio aporta nuevas experiencias, nuevas interpretaciones y nuevos aprendizajes. El patrimonio vuelve a crecer. El ciclo comienza de nuevo. No para repetirse, sino para avanzar.
Por eso la Gestión del Capital Editorial representa este proceso mediante una espiral. No simboliza un recorrido circular que regresa al mismo punto. Representa un proceso continuo de crecimiento en el que cada experiencia genera nuevo patrimonio intelectual, cada nuevo patrimonio amplía el anterior y cada nueva vuelta de la espiral multiplica las posibilidades de crear valor.
Esa es, quizás, la mayor diferencia entre conservar información y gestionar patrimonio intelectual. La información puede archivarse. El patrimonio intelectual, cuando se gestiona conscientemente, nunca deja de evolucionar.
