Las personas y las organizaciones generan un patrimonio vital, la acumulación de bienes intangibles que implican más que conocimientos, la información, documentos, diarios, historias, experiencias, lecciones aprendidas e investigaciones. También sus mensajes y metodologías, sus creaciones artísticas y literarias, la manera de interpretar la realidad, y muchos más que forman parte de su identidad.
La cuestión es qué ocurre cuando decidimos observar ese conjunto disperso y empezamos a reconocer cada parte como un activo de patrimonio intelectual, que debe ser rescatado y protegido, porque tiene el potencial de ser tanto o más valioso que un portafolio financiero, y por tanto merece ser desarrollado y se puede gestionar para producir beneficios, incluso mucho después de haber sido creado. Ese cambio de perspectiva puede generar muchas transformaciones. Es entonces cuando una parte del patrimonio vital e intelectual empieza a adquirir una dimensión editorial.
El patrimonio editorial está conformado por todos esos activos intangibles. a lo que atribuimos valor, que procuramos conservar, proteger y transmitir. No significa que todo deba publicarse en un libro. Esa es una idea muy limitada del término editorial, que comprende todas aquellas formas mediante las cuales el conocimiento puede estructurarse, preservarse, desarrollarse y compartirse: publicaciones, investigaciones, metodologías, cursos, archivos documentales, contenidos digitales, conferencias, proyectos educativos y muchas otras expresiones capaces de prolongar la vida útil del conocimiento.
Lo importante no es el formato. Lo importante es que el conocimiento deja de depender exclusivamente de la memoria de quien lo posee y comienza a adquirir una existencia propia, capaz de llegar a otras personas, generar nuevas conversaciones, inspirar nuevas investigaciones y seguir creando valor con el paso del tiempo.
Del Patrimonio Editorial al Capital Editorial
Reconocer ese patrimonio constituye apenas el primer paso. Un archivo cuidadosamente organizado, una metodología bien documentada o una colección de publicaciones valiosas representan un patrimonio importante, pero todavía no explican todo su potencial.
El verdadero cambio ocurre cuando cada activo empieza a producir nuevos resultados. Cuando fortalece la autoridad profesional de una persona. Cuando mejora la capacidad de innovación de una organización. Cuando facilita la formación de nuevos profesionales. Cuando genera oportunidades de colaboración. Cuando abre mercados. Cuando inspira nuevas investigaciones o permite que otros continúen desarrollando aquello que alguien inició años atrás.
En ese momento el patrimonio deja de ser únicamente un bien que merece conservarse para convertirse también en un recurso capaz de generar valor de manera permanente. A ese potencial lo denominamos Capital Editorial. La diferencia puede parecer sutil, pero resulta fundamental.
El Patrimonio Editorial hace referencia al conjunto de conocimientos, experiencias y activos intelectuales que han sido identificados, organizados y preservados.
El Capital Editorial aparece cuando ese patrimonio comienza a movilizarse estratégicamente para producir influencia, aprendizaje, innovación, reputación, oportunidades y legado.
Del mismo modo que una biblioteca no representa únicamente una acumulación de libros, sino una fuente permanente de conocimiento, un Patrimonio Editorial bien gestionado puede convertirse en un motor de crecimiento para las personas, las organizaciones y la sociedad.
Se realiza gestión del conocimiento, gestión documental y gestión del capital intelectual. Cada una de estas disciplinas independiente e indispensable que realizan aportaciones importantes al desarrollo de la sociedad. Sin embargo, insistimos en una pregunta. ¿Por qué ese patrimonio no se aborda desde una perspectiva editorial? Creemos que se requiere una estrategia para reconocer, estructurar, desarrollar, preservar y proyectar el conocimiento de manera que se explore todo su potencial y continúe generando valor a lo largo del tiempo.
La Gestión del Capital Editorial podría ser una respuesta. Su propósito no es simplemente producir más contenido ni publicar más libros. Su objetivo es mucho más amplio: ayudar a descubrir el patrimonio que ya existe, comprender su verdadero valor y diseñar estrategias para que ese conocimiento pueda desarrollarse, compartirse y seguir creciendo.
En otras palabras, no parte de la publicación. Se enfoca en el activo valioso con capacidad de integrar un patrimonio. Y entiende que publicar es solo una de las muchas formas mediante las cuales ese patrimonio puede expresarse.
Pensar en el futuro
Puesto que vivimos una época en la que producir información resulta cada vez más sencillo, y nunca habíamos dispuesto de tantas herramientas para escribir, grabar, documentar o difundir nuestras ideas, la diferencia ya no estará en producir más contenido.
Estará en reconocer qué activos merecen ser captados, comprender su potencial, organizarlos, priorizarlos. Es entender cuáles pueden seguir generando valor y de qué manera podemos evitar que desaparezcan entre la inmensa cantidad de información que circula cada día.
Quizá dentro de unos años las organizaciones no solo gestionen sus recursos financieros, tecnológicos o humanos, sino que también gestionarán de forma consciente su Patrimonio Editorial. Porque comprenderán que una parte importante de su capacidad de innovar depende de su Capital editorial, de aquello que han aprendido y han sido capaces de preservar y desarrollar.
Lo mismo ocurrirá con los profesionales. Cada vez será más evidente que su mayor activo no reside únicamente en lo que saben hoy, sino en la capacidad de transformar ese conocimiento en un patrimonio que continúe generando oportunidades durante toda su vida.
La cadena de evolución del conocimiento.
Todos heredamos un patrimonio intelectual construido por quienes nos precedieron. Del mismo modo, todos estamos construyendo lo que algún día recibirán otros. La pregunta no es si estamos generando conocimiento. Eso ocurre todos los días. La verdadera pregunta es si seremos capaces de reconocerlo antes de que se pierda.
Quizá el mayor legado que una persona, una empresa o una institución puedan dejar no sea únicamente lo que hicieron, sino aquello que aprendieron mientras lo hacían y que decidieron preservar para que otros pudieran continuar construyendo sobre ese mismo camino.
Esa es, en esencia, la razón de ser de la Gestión del Capital Editorial y el propósito que inspira al Observatorio de Gestión del Capital Editorial: investigar, desarrollar y difundir una nueva manera de comprender el conocimiento como un patrimonio estratégico que merece ser identificado, fortalecido y proyectado hacia el futuro.
Porque el conocimiento produce su mayor valor cuando deja de pertenecer únicamente a quien lo creó y comienza a convertirse en una oportunidad para los demás.
